viernes, 27 de marzo de 2009

LA EDUCACIÓN PÚBLICA. Motivos para una huelga.



Es sorprendente como los tiempos han ido cambiando, uno de los valores más anhelados durante la transición y anterior a aquellos momentos fue la lucha por la consecución de una educación para todos, libre y gratuita pero además de calidad. En estos tiempos actuales desgraciadamente se ha ido trasformando aquel deseo que de una herramienta para una construcción nacional basada en cimientos democráticos que garantizarían la libertad, la igualdad, la justicia, ha pasado a ser un arma política que nos está trasladando poco a poco a momentos cercanos a la baja Edad Media cuando el conocimiento estaba aposentado bajo los pilares de la iglesia. Ahora, no interesa el conocimiento en sí, tampoco la formación en individuos libre-pensantes, ahora la educación es arma para unos, herramienta para otros, pero con la única finalidad de conseguir votos o controlar conciencias, o crear pensadores de una sola vía.
Aquel primer entusiasmo que se contagió a muchos profesionales de la educación ha ido declinando paulatinamente imbuidos en una sombría desesperación que los conduce a un pesimismo y a una desilusión en la formación de un futuro para sus alumnos, que no falta de esperanza, poco amparados y hasta abandonados por una administración cuya obligación debería ser la defensa de la educación sobre la que tienen su responsabilidad.
No son tiempos para hablar de educación, sólo de una crisis que desangra a una población que será más pobre y enriquecerá a los más ricos, como ha sido siempre, que podía haberse solucionado con una educación desde una escuela que inculque valores y principios basados en la igualdad y solidaridad, donde deberían haber estudiado quienes ahora nos dirigen, unos principios reales que se ven en sus aulas, que se palpa y se convive cada día en las escuelas públicas, con sus dificultades y virtudes, y no en muestrarios propios de catálogos y folletos en los que se plasman imágenes de pobrezas y otras desgracias con las que se quiere mostrar al alumnado que otro mundo también existe pero manteniendo la línea que evite el roce y aún peor, la absoluta integración y conocimiento de culturas, en definitiva, enmascarar una realidad que está ahí desde el momento que abandona las aulas.
No son tiempos para hablar de educación, son tiempos para mostrar las miserias que asolan la educación pública, miserias sembradas a conciencia por la administración regional que la utiliza como arma publicitaria para alimentar a las empresas en la captación de clientes bajo una aureola educativa que en poco o nada se diferencia de la escuela pública. En los libros, al igual que los periódicos sólo cambia el título y todos seguimos estos mismos títulos. Violencia en las aulas, profesores maltratados, fracaso escolar con el fondo de algún colegio público o instituto público en la televisión, que pone una brizna de manipulación subliminal a una información que seguramente sea veraz, pero que faltando una vez más a sus obligaciones, sirve de enmascaramiento a una política basada desde el oscurantismo que germina de las cloacas de una administración que quiere ocultar la realidad de su política educativa no explicando los hechos que han conducido a ello, puesto que han sido promulgados por ellos mismos, son, ni más ni menos, que el resultado de sus reformas y escollos que ponen una y otra vez a los profesionales para llevar a buen puerto una conversión de la escuela pública en un recinto meramente asistencial donde recoger a la futura mano de obra barata, arrinconando a capas sociales menos favorecidas en una marginalidad impuesta con la marca de una huella distintiva desde el mismo día de su nacimiento como ganado que se marca con la insignia propia y distintiva de una ganadería. Luego vendrán tiempos posteriores de empiricutados escaparates para justificar entretenimientos, y promulgar como oraciones que sustentan una fe ciega, los eslóganes propagandísticos con nuevos programas de “asistencias laborales y cursos de integración laboral” para quienes desde los comienzos de su vida, condenados con la impotencia, regalarán lamentos y reproches a sus padres por no poder darles una educación digna comprada a base de talonario.
Obnubilado el norte en una sociedad dónde los valores educativos se han perdido, o en su mayoría y se promulga el pelotazo urbanístico como ejemplo de prosperidad, riquezas creadas a base del mínimo esfuerzo, dirigentes políticos que se generan auto ganancias extraídas de la tortura económica que inflingen a quienes obligados pero sobre todo resignados, les proporcionan tales bienestares, resulta cuando menos hipócrita escuchar a estos políticos defendiendo una libertad de educación enmascarada y promulgando el esfuerzo como un gran valuarte que en la escuela se debe valorar, algo que, por otro lado, siempre se ha hecho, pero que han sido ellos mismos los que se encargaron de mutilar, y aún lo siguen haciendo en su peculiar predicación de ejemplos, irónicos, burlescos e indignantes que nos brindan en sus particulares modos de actuar. Y es especialmente en la escuela pública a la que se le invade de programas educativos para inculcar en las nuevas generaciones valores que la propia administración regional no promulga con el ejemplo, tal vez porque este resulta barato y hay que gastar el dinero público para justificar actuaciones que se resolverían desde los propios hogares si no hubiesen menospreciado el valor de una educación.
Paralelamente se la acusa de la escasez de horas lectivas en comparación con Europa, cuando estamos situados en la media, y se intenta paliar, de que manera tan insigne, un fracaso escolar con el aumento de horas escolares, entrando de nuevo en otra contradicción que ilustra lo dicho anteriormente: ahora en la escuela pública, además de los contenidos que se deben impartir: matemáticas, lengua castellana, lectura, conocimiento del medio etc.…, los profesionales se ven obligados a enseñar a aprender, a enseñar a pensar, a decidir, a elegir, a ser uno mismo, a ser más independiente, a ser responsables, a ser solidarios, a no discriminar, a respetar a sus iguales y a sus mayores, a valorar el esfuerzo, a conocer las señales de tráfico, a conducir la bicicleta, a caminar por las aceras, a cruzar las calles, a respetar el mobiliario urbano, a comer más sano, a valorar la higiene bucal, a valorar el aseo, a celebrar fiestas confusas en origen y tradición, a enseñarles la paz, y también a enseñarles a utilizar las cucharas, a quitarles el pañal, a controlar sus esfínteres, a hablar, a relacionarse y también a ser sus amigos, a darles cariño, a fomentarles su autoestima, a prevenirles de las drogas, del tabaco, del alcohol, a enseñarles a decir no, a prevenir embarazos, … y podemos seguir poniendo más ejemplos.
¿Alguien todavía puede decir que el nivel educativo no es el adecuado cuando la escuela pública se ahoga por saturación?
Pues sí, la propia administración que difunde todos estos programas, que luego a través de sus acólitos inspectores presionan a los profesionales que trabajan directamente con los alumnos para que el índice de suspensos no sea excesivo justificando de este modo las virtudes de su plan educativo y dar satisfacción a quienes cada poco tiempo promulgan nuevas reformas educativas, repitiéndose una vez más la rueda. De repente y bajo un interés político, ¡una vez más! se comen sus propias palabras y dejan de importarles los valores del esfuerzo, igualdad de oportunidades y justicia que la escuela pública promulga.
¿Podemos llamar a esto interés por la educación? –NO.
¿Es esto mejorar la educación o es simplemente eximir a los responsables y aquí entramos todos, administración, padres, profesores, de sus correspondientes responsabilidades, cargando de trabajo y obligaciones a unos profesionales de la educación quienes deberían dedicarse principalmente a trasmitir contenidos que ayuden a la formación, a la libertad de pensamiento de los futuros adultos y profesionales de los distintos campos que por ellos mismos decidan?
¿Podemos pensar que realmente desde la administración se quiere favorecer una escuela, especialmente pública?
La respuesta es obvia que no. No se la favorece en nada, muy al contrario se la dificulta con toda clase de trabas, especialmente administrativas para no llevar a cabo y menos con éxito, cualquiera de sus propuestas, en más sencillo enmascarar y manipular resultados, y la sociedad actual como consecuencia de este debilitamiento educacional, no pregunta. La indiferencia, ropaje de la ignorancia, poco a poco y disimuladamente nos va ahogando en el pozo de la necedad como condición humana y la ceguera resultante nos conduce como rebaños a depositar el voto, eligiendo a quien de nuevo nos atormentará y exprimirá con la premisa del esfuerzo y construcción nacional, sin una pregunta, en un silencio sobrecogedor roto de vez en cuando por el lanzamiento de soflamas acogidas con los brazos abiertos desde algunos medios de comunicación atados y gobernados por aquellos que nos piden nuestro voto.
¿Y por qué se establecen dichos programas y leyes educativas si dificultan la labor de los docentes?
- Porque se justifican dineros y actuaciones.
-Porque se construyen pedestales los egregios e ilustres pensadores gobernantes.
-Porque las leyes educativas no tienen como finalidad mejorar el sistema educativo, son propaganda electoral, que luego se vende a través de los medios acólitos que se encargan de difundirla. (Luego ya pasaran el recibo).
-Porque los programas no son más que una desmesurada e intencionada saturación de los profesionales envueltos en papeleos continuos que de ninguna manera repercuten en una mejora de la educación que nuestros hijos tienen el derecho de recibir, pero que los profesionales mitigan gracias, ahora sí, al esfuerzo desinteresado y en muchos casos heroico, que disfrutando desde su profesión más allá de sus problemas que su trabajo genera realizan para su satisfacción, efímera, de ver cómo progresan sus alumnos. El profesor llegó a la escuela para formar, no a luchar contra los elementos.
Pero realmente ¿qué está aportando la administración para la mejora educativa de los centros públicos?
-Enturbiar la labor de los profesionales, lesionados desde la administración y desde una opinión construida concienzudamente que continuamente machaca una labor, que no es más que una consecuencia de las reformas educativas que los propios políticos diseñan y de las actuaciones y en este caso particular de la Comunidad de Madrid realiza soterradamente en un ejercicio de hipocresía actuando de forma contraria a lo que desde sus púlpitos promulgan.
-Suprimir los equipos de orientación que trabajan con chicos con necesidades educativas especiales, trastornos generales de conducta, etc.… “El que lo necesite que lo pague”. La Comunidad, muy previsora en estos casos, no deja oquedad a la improvisación y dispone de una red de profesionales encantados de tratar a sus hijos con el talonario por delante. Una vez más, ejemplo de igualdad, y de justicia.
-Suprimir los apoyos que se puedan a dar a alumnos con necesidades puntuales.
-Dificultar cualquier decisión particular de un profesor en materia educativa para la resolución de dificultades estrictamente educativas y directas para la mejora del rendimiento de su alumnado. Se le impone un nuevo papeleo que va dirigido directamente con saña y poco disimulo a eliminar y doblegar cualquier iniciativa que nazca del profesorado, cada vez más ajeno (por obligación) a una administración que a sabiendas actuará dificultando dichas iniciativas. Impide desde el principio desarrollar su trabajo no solo con libertad, sino con tiempo y dedicación.
-Aumentar las ratios en educación infantil. Permitir trabajar a cualquier personal adquiriendo una cualificación según el número de hijos que haya tenido. Rompiendo con una normativa básica que las actuales escuelas infantiles de la comunidad poseían en el tema de infraestructuras, ratios etc.…, favoreciendo así la implantación de escuelas infantiles en cualquier lugar, con parque al lado a los que llevar a los alumnos menores de tres años cruzando carreteras para el disfrute de unos momentos al aire libre. Reduciendo los apoyos, de un apoyo para cada dos clases, se ha pasado a un apoyo para cada cuatro.
- Escolarizando indiscriminadamente en la escuela pública, evitando un reparto equitativo de la población inmigrante o no, con mayores necesidades educativas en otros colegios que también se financian con dinero público, pero que con la imposición de una mínima cuota evitan este “realojo”.
-Suprimir el programa de compensación educativa. Escolarizan alumnos con completo desconocimiento del castellano, pero quitan a los profesionales que forman parte de dicho programa encargados entre otras mucha cosas de enseñarles el idioma. Hecho contradictorio, una vez más, cuando la Comunidad de Madrid presume, desconozco si con dinero público, en publicitar nuestra comunidad bajo el eslogan “Madrid: la suma de todos”, pero que en realidad no es más que las resta de unos muchos, los de siempre, como diría Larra: la clase vulgar.
-Se defiende con engaño una libertad de elección cuando realmente la condena degenerativa y deliberada de la escuela pública obliga a cambiar de centro para poder recibir, ahora como cliente, una educación que la escuela pública garantizaba.
-Se presume de la creación de escuelas públicas cuyo destino final será la venta para la privatización una vez, que con el apoyo y diseño de la administración regional de sus sacrílegos planes, dar cobertura a un alumnado que irá abandonando la escuela pública por la denigración sistemática y el deterioro a que se la somete. Ejemplo de la escuela del Álamo.
-Se quiere fomentar la igualdad de oportunidades en la que la privatización de los servicios públicos es el ejemplo más doloroso de cinismo político que presume de democrático.
- Creación de unas pruebas de evaluación que en los colegios públicos están obligados a hacer aquellos alumnos con desconocimiento en su totalidad del idioma, que no pueden ingresar en los programas de compensatoria porque se ha decidido, sin entender el criterio, si es que alguna vez existió alguno, suprimirlos. Realizan el ejercicio en una parodia más de esta administración de locura intelectual disfrazada de mendicidad y mediocridad, pero sabiamente estudiada desde los intestinos de un engranaje político de quienes se creen con el poder y olvidan que sirven al pueblo y piensan que el pueblo les pertenece. A pesar de ello, la diferencia de unos y otros no es cuantiosamente diferente, pero la desigualdad de condiciones está manifiestamente inclinada hacia un lado de la balanza en perjuicio de otro. Es una prueba más de la no defensa de la enseñanza pública por parte de la administración, especialmente la regional aquí en Madrid.
¿Cuál podrá ser el destino de la educación en esta Comunidad?
Una explicación muy plausible es que los años de bonanza económica sustentada en valores superfluos y efímeros como son el ladrillo, ha creado una bolsa de trabajo, gracias a la inestimable ayuda de una población inmigrante, dispuesta, y en muchos casos obligada a trabajar bajo cualquier circunstancia, cercenando acuerdos sindicales, saltándose a la torera salarios mínimos y mínimas garantías de seguridad así como contratación ilegal, etc.… Como primera consecuencia ha generado, por el mismo trabajo, un rendimiento económico mucho mayor. Pero llegan tiempos de crisis, y no se está dispuesto a bajar el listón, a descender un escalón en el nivel de vida de quienes se han enriquecido de esta manera, a reducir el nivel de ganancia, al mínimo problema aparece la solución de los personajes con decorados de inteligencia: despidos, y aquí surge la pregunta: ¿Qué ocurriría si los hijos de inmigrantes, en su gran inmensa mayoría escolarizados en escuelas públicas, y ya españoles recibieran una educación de calidad y el día de mañana aspiraran a altos puestos directivos, empresariales, etc...?
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Pues muy sencillo, se acabaría la mano de obra barata que ha sustentado el crecimiento económico, no habría a quien contratar bajo impuestas condiciones llamémoslas sospechosamente ilegales y el margen de beneficio disminuiría con el consiguiente declive en la posición social de quien propone estos contratos.
Si empeoramos una educación de la escuela pública, la marginamos, cuyo futuro es el recogimiento casi en exclusividad de población marginal o al menos de escasos recursos, mutilaremos cualquier posibilidad de expansión de ese alumnado, así como de proyección, sometiéndolo a los designios sociales impuestos desde la administración. Mala educación, mala formación es igual a la ausencia de futuro, mano de obra barata, fácil de manejar y manipular, que además con un salario bajo no tendrá opción a protestar y con ellos se acabarán las huelgas y tendremos sometidas a capas sociales sin capacidad de respuesta bajo un manto pseudo democrático. Se cumplirán así las palabras de Miguel Delibes cuando decía, allá por los tiempos en que escribía “el camino”: “-El poder de decisión le llega al hombre cuando ya no le sirve para nada, cuando ni un solo día puede dejar de guiar el carro o picar piedra si no quiere quedarse sin comer”.
Creo que son condiciones más que suficientes para ir a una huelga, atada en principio por la dependencia de los sindicatos a los partidos políticos que en muchas ocasiones y más en estos tiempos en que todo se encuentra politizado, responden más a esos intereses particulares que a la defensa de una realidad. La administración, con el permiso que otorga la indiferencia producida por la ignorancia y el beneplácito de una sociedad, permite a esta esconderse tras débiles barreras que intentan dibujar muros de paja aislando a sus hijos de una realidad social que aunque pueda gustarnos en diferentes grados, es la que hay, y que tarde o temprano deberá compartir, sin preocuparse de rendimientos económicos, abandonando ese afán de aislamiento de “elementos” que considera perniciosos y perjudiciales. Es por ello que no entiendo la condena permanente a una escuela pública.
Y recordando a Larra, mucho enfado parezco llevar a mis espaldas en este mundo, esto prueba que debo pertenecer a la clase vulgar, porque sólo los muy superiores o los muy estúpidos no deben estar enfadados por nada. Variaremos nuestras necesidades a lo largo de la historia, levantaremos innumerables murallas, viviremos en cárceles acorazadas y los más privilegiados levantarán castillos que reinaran sobre señoríos permanentemente custodiados, pero a pesar de todo ello, los colores se inventaron para dibujar paisajes que continuamente adornan nuestras realidades, de las que no se puede huir, al menos permanentemente.

Amdyaz.