domingo, 11 de noviembre de 2012

Esperanza Aguirre, la insumisa.


A grito de insumisión, la ya ex presidenta de la Comunidad de Madrid contrató a 28 profesores nativos para impartir asignaturas en inglés.

Las despedidas como el agua, nunca son a gusto de todos y ahora cuando su tufillo revolucionario empezaba a caerme simpático me abandona. La ex se había aficionado a esto de las insurrecciones, primero fue la educación para la ciudadanía, ahora la contratación de profesores e incluso su abandono de la política. 

Quien sabe si ahora desde su escondite esté siendo retratada a imagen y semejanza de aquel fresco de 1830 pintado por Eugène Delacroix La libertad guiando al pueblo, retocada por photoshop al más puro estilo Ana Rosa Quintana, enarbolando la bandera española, vestida de rojo y gualda con sus calcetines protegiendo sus pies paseando sobre un pueblo moribundo con el título: La Esperanza avanzando sobre el cadáver del pueblo.

Cada vez es más plausible que su retiro ha sido un acto de rebeldía contra el PP por no haberse plegado a sus exigencias, porque es sobradamente conocido que lo que es bueno para ella debe serlo para todos. Puede que, como venganza, se declare insumisa de su propio partido e incluso de sus propias leyes – Eurovegas – .

Pero si hay algo de qué preocuparse más allá de una posible adicción a la insumisión y a las actitudes felonas para con su partido, es que convierta la insumisión en un oficio o profesión. Pero no un oficio para todo el mundo, sino un oficio para personas exclusivas y distinguidas. Un oficio que se desarrollará en inglés y que se estudiará dentro de algún máster como complemento de algunas titulaciones universitarias con tasas abusivas para un mayor control de la población universitaria tan proclive a la protesta y a la insurrección, impidiendo de este modo su acceso a aquel que no pueda comprar su titulación.
Pero aún podría llegar más lejos y en sus delirios secesionistas del PP termine de oKupa en la Asamblea de Madrid o en el Palacio de la Moncloa para no abandonarlo jamás.

Que disfrute de salud muchos años y que Dios nos proteja de sus delirios. Porque irse, lo que se dice irse de la política, no se ha ido.

El embegido dezidor.